Un recorrido por Chiapas

Texto leído en la presentacion de el libro Patrimonio Cultural y natural de Chiapas del escritor Marco A Orozco Zuarth

IMG_0996El libro Patrimonio cultural y natural de Chiapas de Orozco Zuarth está pensado para estudiantes de primer grado de secundaria, y se halla estructurado en 5 bloques los cuales se organizan por competencias, temas, aprendizajes esperados, contenidos y una evaluación. Lo anterior se complementa con un lenguaje sencillo y claro que permite a docentes y alumnos un trabajo ameno que puede generar experiencias inolvidables. Sin embargo, ¿qué encierra este libro que lo hace tan interesante? Allí, queridos amigos, habita la magia de Chiapas. Acompáñenme por esta aventura.

 En esta obra que nos presenta el cronista de Tuxtla Gutiérrez habitan ríos enormes que serpentean entre el verdor de la selva, lagunas quietas que imitan la calma del caimán, olas rabiosas que se estrellan contra las rocas de Puerto Arista, ciudades mayas que recuerdan a los primeros hombres reverenciando a árboles sagrados, danzas mágicas donde los hombres conversan con los espíritus de la tierra, música que nace del corazón y que se dedica a los dioses.

 Un libro de texto, además de fuente de información, también genera goce. Este, en especial, es como un abuelo que nos conduce de la mano por los múltiples caminos de Chiapas donde hallaremos a tzeltales, tzotziles, choles, zoques, tojolabales, mames, kanjobales, jacaltecos, mochós, cakchiqueles y lacandones y a quienes les dará gusto mostrarnos su música, sus creencias basadas en la naturaleza, sus danzas que forman parte del rito para agradecer a los dioses por la comida, la salud y el trabajo; sus pinturas donde reflejan sus pensamientos e ideas; las casas de bajareque con piso de tierra; sus comidas donde el pozol, la tortilla de mano, el frijol, la gallina en caldo, la chicatana o nucú forman parte de la dieta; aquí hallaremos el culto que nuestras comunidades indígenas rinden a sus dioses y donde el aguardiente, las flores, las velas y el incienso no pueden faltar.

 En patrimonio cultural y natural de Chiapas uno puede ser invitado a sentarse sobre una piedra de Boca del cielo o Cabeza del toro y llenarse los ojos de ese color sangriento que producen sus atardeceres, mientras las gaviotas se dejan caer en picada sobre el agua por un pez. Uno puede detenerse en Tapachula para observar los estallidos de colores en La danza de león y el dragón y que representa el inicio de un año nuevo para la comunidad china de esa ciudad. Podemos subir a La sierra madre de Chiapas y contemplar al imponente Tacaná que nos observa desde su quietud; después pararíamos en La sepultura donde los vientos son como un montón de espantos recién liberados de las entrañas de la tierra. Ahora que si no les gusta las emociones fuertes, podemos caminar a la reserva El triunfo donde disfrutaremos del aire puro, limpio y mágico que se escurre entre la niebla, mientras a lo lejos, entre el verdor de la selva, se deja oír el nostálgico canto del Quetzal. Después podemos trasladarnos con pozol en mano a los extensos valles de la depresión central, iniciando por Cintalapa, deteniéndonos a charlar con la Rial academia Fraylescana en Villa Flores, y continuar por Suchiapa para admirar La danza del calalá, o bajar tantito a Coita y perderse entre el río de gente para celebrar El carnaval zoque, y por último subir a Chiapa de Corzo para contemplar a los majestuosos parachicos en La fiesta grande de ese municipio.

 De allí podemos subir a San Cristóbal de Las Casas como parte de la altiplanicie central y maravillarse con el Tzontehuitz y el Huitepec, mientras que más allá, por el rumbo de Comitán, las ciudades de Chinkultik, Tenam puente, Tenam Rosario estarán deseando que lleguemos y recorramos sus canchas para el juego de pelota, o sus altares. De allí podemos dirigir los pasos a la selva lacandona donde oiremos el griterío nervioso de los monos aulladores, y el rugido estruendoso del jaguar. Podremos bañarnos en las frescas aguas del Jataté, de el Lacantún, del Lacanjá, o admirar la belleza de las lagunas Miramar. Más allá, por el norte, nos espera El chichonal y que fue la causa de mucho miedo allá por el 82. De allí saltamos a tabasco y subimos un poco hasta llegar a la llanura costera del golfo. Pasamos por Juárez, Pichucalco y nos dirigimos a salto de agua donde oiremos el adormecedor sonido de la cascada de Misol-há.

 Sin embargo, Chiapas no es Chiapas si no cocemos nuestras especies animales. Allí destacan el jaguar en Montes azules; El zopilote rey en los cielos del Lacantún; El pavón, el puma y el ocelote en El triunfo; En la sepultura podemos hallar la ardilla voladora, o el oso hormiguero en La encrucijada. O porque no visitar a los micos de noche en El ocote y de paso visitar La cima de las cotorras y el rio La venta. Y ya que estamos hablando de rio vámonos a Lagos de Montebello, y de allí a las cascadas de Agua Azul, que seguro les encantará el turqueza de sus aguas donde, dicen, habitan los primeros dioses de la creación del mundo. De allí extenderemos las alas como un águila arpía y nos remontamos Al cañón del sumidero donde veremos cocodrilos y monos; y luego, muy cerca de Tuxtla Gutiérrez, podríamos bañarnos en las frescas aguas de El zapotal, y de allí, a unos pasos, irnos a recorrer el cerro Mactumatzá donde sentiremos el vértigo de la altura y quizá hasta imaginemos el suave caminar de un puma que va tras nosotros. Más allá, rumbo a la costa, se halla Puerto arista con sus atardeceres y pescadores que vuelven del mar con su cansancio a cuestas; y por este lado, por San Cristóbal tenemos los Humedales y el Huitepec; Más allá, siguiendo el rugido del jaguar, encontramos las maravillosas construcciones del Bonampak y Yaxchilán.

 Sin embargo, Chiapas sigue. También están nuestras ciudades y arquitecturas. Allí está Palenque con su enorme observatorio apuntando al cielo, y que además, menciona Orozco Zuarth, Palenque era la ciudad donde los dioses se comunicaban con los hombres. Allí está Bonampak que nos recuerda a nuestro hermano Chambor guiando a Carlos Frey en 1946 cuando éste hacía sus primeras expediciones. Como no mencionar a Toniná y sus actividades militares y descubierto por Frans Blom en 1924. Vengan, vámonos a frontera corozal para tomar una lanchita que nos lleve a Yaxchilán, y ya de regreso nos vamos a Chinkultik para observar la belleza de nuestros rostros en las cristalinas aguas del cenonte donde sacrificaban a las doncellas; y luego, por último, pasamos a Tenam puente y que dicen significa fortificación.

 Daremos un salto de años para encontrarnos con las arquitecturas virreinales que son una fusión entre el estilo español y el estilo maya. Allí destacan las construcciones de Chiapa de corzo construida por Diego de Mazariegos en 1528; más arriba está San Cristóbal de Las Casas con sus hermosas construcciones donde llama la atención el estilo barroco de Santo Domingo; más allá está Comitán de Domínguez donde prevalece un estilo neoclásico proyectado precisamente en la iglesia de Santo Domingo; Sin embargo, eso no es todo. Para que uno se sienta realmente chiapaneco, se deben conocer nuestras leyendas. ¡Miren, miren! Entre esos matorrales de Tuxtla va un hombre a caballo al que llaman El sombrerón, mientras que a esa carreta que se pasea por el centro de la ciudad, le denominan El carretón de San Pascualito. Eso que ven sobre el lado norte poniente es La cueva de la chepa. Pero allá, por el soconusco, está La maldición de la abuela, El zipe come-carbón, La malora, La cocha enfrenada, El cadejo. Y si nos vamos por San Cristóbal hallaremos a Los Yalam Bequet, El misal olvidado, El negro y la iglesia de Chamula y El duende violinista; en Comitán ya ni se diga, pues yo vengo de allá, y les aseguro que La llorona y El cadejo no pasarán inadvertido.

 ¡Que la caminata les dio hambre! Pasen por acá que les invito un exquisito plato de frijoles con chipilín, o un humeante caldo de gallina mientras escuchamos La chiapaneca, o si lo prefieren Perfidia de Alberto Domínguez. Si con eso no quedan satisfechos, qué les parece una pierna planchada típico de San Cristóbal. Ahora sí. Ya bien comido, prepárense a conocer a algunos de nuestros escritores que han puesto el nombre de Chiapas muy en alto. Allí está don Fray Matías de Córdoba, don Rodulfo Figueroa, doña Rosario Castellanos, don Jaime Sabines, y don Óscar Oliva. ¡Que estoy olvidándome de muchos! No se fijen. Lo hice a propósito. Ahora díganme, ¿qué tanto de Chiapas llevan en los ojos, en el corazón, en los pies y en el alma?

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